“Ahora que siento deseos de leer la Biblia, no puedo”
La noche oscuro hizo que fuera difícil ver los 450 oyentes cuando todos ellos se levantaron de sus sillas de plástico acomodadas en medio de un cambo abierto. Algunos se adelantaban a la plataforma de madera en respuesta al mensaje de esa noche. Mientras miraba cómo jóvenes y viejos comenzaban a reunirse en el claro seco y polvoriento, mi mirada se vio atraída hacia un señor mayor llevado de la mano por una joven. Era ciego. Oramos por ese nuevo grupo comprometido, para que Dios los guardara y los edificara en la fe mientras noche tras noche seguíamos estudiando la Palabra de Dios.