Según los investigadores, la inteligencia artificial puede ayudarles a plantear mejores preguntas.

22 de julio de 2026 | Berrien Springs, Míchigan, Estados Unidos | Andrews University Focus y Lake Union Herald

Cuando la inteligencia artificial (IA) saltó a la palestra en 2023, Eric Louw ya había comenzado a experimentar con la generación de imágenes mediante IA. Poco después surgieron los modelos de generación de texto, que revelaron posibilidades que parecían casi ilimitadas.

«Las posibilidades de uso eran inmensas», afirmó Louw. «Pero a menudo se veían limitadas por la creatividad del usuario o por la falta de comprensión sobre cómo funciona la IA generativa».

El interés de Louw surgió de su trabajo en la intersección entre la teología, la historia y la tecnología. Tras haber ejercido como pastor en Texas (Estados Unidos), actualmente es estudiante de doctorado en Estudios Adventistas en el Seminario Teológico del Séptimo Día de la Universidad de Andrews, donde investiga sobre la hamartiología, la rama de la teología sistemática cristiana que estudia el pecado.

Mientras investigaba sobre la IA generativa, Louw se percató de que, en ocasiones, la gente pedía a los modelos que realizaran tareas para las que no habían sido entrenados. Cuando los resultados no estaban a la altura, llegaban a la conclusión de que el entusiasmo que rodeaba a esta tecnología había sido exagerado.

Al mismo tiempo, las imágenes y los contenidos escritos generados por IA empezaban a inundar los mercados en línea. Algunas ideas relativamente sencillas estaban generando miles de ventas. Louw comenzó a buscar a otros cristianos interesados en la IA y con ganas de explorar juntos sus aplicaciones prácticas.

Esa búsqueda le llevó a crear Advent AI Lab, una comunidad en línea en la que las personas pueden experimentar, establecer contactos y compartir cómo la inteligencia artificial está transformando su trabajo.

Louw también comenzó a recopilar las formas en que a él y a su esposa les había resultado útil la IA. La lista ha crecido hasta alcanzar unas 100 aplicaciones. Creó AdventAILab.com como una página de recursos para ayudar a los usuarios a identificar herramientas adecuadas a sus necesidades concretas, como la preparación de sermones, la impartición de clases y el desarrollo de recursos evangelísticos.

La comunidad en línea cuenta ya con más de 5.400 miembros y sigue creciendo. Los participantes comparten novedades sobre la inteligencia artificial, presentan nuevas herramientas y participan en retos creativos de generación de imágenes. Muchos miembros utilizan las imágenes que crean en sermones, aulas y otros entornos ministeriales.

«Mi esperanza es que las personas vean lo que es posible y se den cuenta de que la curva de aprendizaje no es tan pronunciada como podrían suponer», afirmó Louw. «Quiero que se sientan inspiradas para encontrar nuevas formas de utilizar la inteligencia artificial en beneficio de sus vidas y de su servicio a los demás».

Asimismo, hace hincapié en que la inteligencia artificial debería contribuir al desarrollo humano, en lugar de debilitarlo.

«Los mejores usos de la inteligencia artificial no sustituyen al aprendizaje ni al crecimiento», afirmó. «Potencian esos procesos».

Ese principio determina la forma en que Louw utiliza la inteligencia artificial en su investigación doctoral. Dedica gran parte de su tiempo a estudiar la historia adventista y a rastrear ideas teológicas en diversas fuentes históricas. Le interesan especialmente las herramientas que pueden buscar información por sí mismas, localizar sitios web que hayan pasado desapercibidos y ayudar en tareas de investigación complejas.

Programas como ChatGPT Codex, Gemini Antigravity y Alter le ayudan a descubrir material que, de otro modo, podría pasar por alto. También utiliza herramientas como NotebookLM y Devonthink MCP para buscar en las fuentes que él mismo proporciona. Estos programas pueden identificar ideas relevantes y dirigirle a frases o párrafos concretos.

Louw las ha encontrado especialmente útiles una vez agotadas las búsquedas tradicionales o cuando necesita descubrir nueva terminología para seguir investigando.

El uso de la inteligencia artificial como herramienta de revisión de textos ofrece otra aplicación prometedora. Puede ayudar a identificar puntos ciegos y señalar aspectos en los que la redacción académica debe mejorarse, algo que Louw valora mucho mientras continúa con su trabajo de doctorado.

Para él, la tecnología resulta más valiosa cuando permite profundizar en el trabajo que ya se está llevando a cabo.

«La inteligencia artificial puede ayudar a los investigadores a plantear mejores preguntas, descubrir nuevas conexiones y mejorar la forma en que comunican sus ideas», afirmó. «Funciona mejor cuando refuerza el proceso de reflexión, en lugar de sustituirlo».

Esta versión se basa en la noticia publicada en el Lake Union Herald.